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Corbières, fruto del carrascal |
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El
campo
Desde las torres de Carcassonne a Port-La-Nouvelle y de Quillan a Narbonne, el carrascal
ocupa las tierras altas y la viña está amparada por valles y laderas. Desde la llanura
de los Pirineos hasta la Montaña Negra, existe una importante diversidad de suelos:
pizarra, caliza, gres, marga...
Sin embargo, los 11 terrenos que comparten el nombre de Corbières tienen en común un
carácter pedregoso y árido, bañado por la influencia mediterránea. |
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Las cepas
Garnacha, Syrah, Mourvèdre, Carignan, Cinsault para el tinto y el rosado. Garnacha
blanca, Bourboulenc, Maccabeu, Marsanne, Roussanne para el blanco. |
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Un poco de
historia...
Más de un siglo antes de J.C., los comerciantes griegos introdujeron la viticultura en
Corbières. Este arte se perpetuó con los Romanos, que llevaron el vino hasta Roma por
Narbonne. Las invasiones bárbaras marcan el declive del viñedo hasta el siglo XI, cuando
los monjes benedictinos y cistercienses comienzan su renovación y desbrozan millares de
hectáreas.
En el siglo XIII, nueva ruina causada por la cruzada de los Albigenses.
Por fin en el siglo XVII, los Corbières reanudan su expansión que llevará sus vinos
hasta Rusia y Escocia. En el siglo XIX, la casi totalidad de los 3000 km2 de
Corbières se cubre de viñas, a veces en detrimento de la calidad. Desde el principio del
siglo un movimiento de mejora lleva a la obtención de la denominación de origen
controlado (AOC) en 1985. |
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Viñedo de Corbières alrededor del pueblo de
Cucugnan |
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El consejo del bodeguero...
Los vinos jóvenes tienen aromas de grosella y mora. Con el paso del tiempo, se perfuman
de especias, de regaliz y de tomillo. Los tintos de guardia tienden hacia el cuero, café
y cacao. Servidos con carnes de caza, carnes rojas a la parrilla y con el
"cassoulet" (fabada de la región). |
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