Ariège Al entrar en la cueva de la Vaca (grotte de la Vache), se
penetra en la vida cotidiana de los Magdalenianos...
Hace 13.000 años, estos nómadas cazaban y pescaban en los
valles del Ariège. La cueva "de la Vache", bien expuesta hacia el sureste, les
servía de refugio de marzo a septiembre. Mucho más pequeña que su vecina de Niaux y
desprovista de pinturas rupestres, la cueva de la Vaca es, sin embargo, un tesoro para los
paleontólogos: decenares de millares de sílex afilados, armas (arpones y azagayas),
herramientas (agujas, punzones...), objetos grabados en hueso o madera de reno. Algunas
son puras maravillas del arte magdaleniano: decoraciones geométricas, representaciones de
animales que rozan el realismo y son de una gran delicadeza.
La cavidad más grande conserva las huellas de un campamento y
de un hogar tribal. Toneladas de osamentas de animales han sido encontrados, rotos para
extraer la médula. De esta manera pudimos saber que el reno y el caballo constituían una
parte importante de la alimentación magdaleniana, a la que los antiguos habitantes de la
Cueva de la Vaca añadían la cabra montesa.