La ciudad está
construida sobre una tierra de leyendas, las de bandoleros, esos salteadores de camino que
deambulaban por la landa del centro, de donde proviene el nombre de Lannemezan.
Comunicado por ferrocarril a pesar de la llamada "gran pendiente de Capvern",
la ciudad tuvo un pasado industrial rico gracias a la electrometalurgia. Sin embargo,
Pechiney se libera poco a poco de todos sus parajes pirenáicos y Lannemezan vuelve a ser
casi una aldea.